Solidario proviene de «solidus», moneda romana de oro, consolidada y no variable. La palabra solidaridad se refiere a una realidad firme y fuerte conseguida mediante el ensamblaje de seres diversos. También de la responsabilidad asumida in sólidum con otra persona o grupo. Las personas se unen porque tienen conciencia de ser personas, seres abiertos a los demás porque son seres de encuentro y no meros individuos aislados.
De ahí que la solidaridad va unida con la responsabilidad, y ésta depende de la sensibilidad para los valores. Éstos no se imponen sino que atraen y piden ser realizados. La solidaridad sólo es posible entre personas que en su conciencia sienten la apelación de algo que vale la pena y apuestan por ello. De ahí que la solidaridad implique generosidad, desprendimiento, participación y fortaleza. Hoy, cuando tanto se habla de la necesidad de realizarse» y de ser auténticos, es hermoso saber que authentikós es el que tiene autoridad, y ésta deriva de augure, promocionar. Es decir que tiene autoridad sobre alguien el que lo promociona o promueve; por lo tanto, auténtico es el que tiene la riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero. Para poseer este tipo de soberanía, el hombre tiene que aceptarse a sí mismo con todo cuando implica; coger su vida como un don; recibir y asumir como propias una existencia y unas condiciones de vida que no ha elegido. Esta vida recibida hemos de aceptarla con todas sus implicaciones: la necesidad de configurarla por nuestra cuenta, orientarla hacia el ideal adecuado, crear vida de comunidad, realizar toda una serie de valores que nos instan a darles vida... Si respondemos a esta llamada de los valores nos hacemos responsables. Esto es vivir abierto generosamente a los demás en su afán de vivir en plenitud. Para los que hemos asumido el camino del voluntariado social, éste va más allá de la justicia: significa hacer propias las necesidades ajenas. Un voluntario social apuesta por el ejercicio libre, organizado y no remunerado de la solidaridad ciudadana. De ahí que su trabajo es en sí mismo precioso.