PARA UNA TRANSFORMADORA CUARESMA
No sólo de pan vive el hombre...
Vivo muchos días pensando que la felicidad depende de las cosas que puedo "tener", hasta el punto de valorar también a los demás por lo que "tienen". Este camino me ha llevado a sentirme autosuficiente y a no necesitar de Dios ni del prójimo.
Cristo ha roto los muros de mi autosuficiencia, me ha hecho descubrir los vínculos que me unen al Padre y a los hermanos y me ha hecho apreciar el valor de lo gratuito.
Despojado de las "cosas", descubro mi pobreza como un tesoro, pues no vivo principalmente de pan ni de los bienes materiales, sino de la vida que viene de Dios y de su Palabra.
Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives, y nuestro mundo será un lugar más humano.
Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él sólo darás culto...
Vivo muchos días pensando que la felicidad depende del "poder". Me sobrevaloro en lo que soy. Siento también la tentación de someter a los demás a mi voluntad, a mis criterios o a mi persona. Es como querer sustituir a Dios, o que me pongan en su lugar. Este camino me ha llevado la más estéril soledad.
Cristo ha puesto la verdad en mi corazón. Me ha enseñado quién soy y cómo soy. Me ha dicho que soy hijo de Dios y hermano del prójimo. Me ha mostrado que soy criatura ante a Dios, y eso me ha posibilitado adorarle y entender la vida como una ofrenda y como el mejor culto que puedo tributarle.
Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives. Descubrir la igualdad y dignidad de todo ser humano, y vivir en la verdad de lo que uno es, contribuye a que el mundo sea más humano.
No tentarás al Señor tu Dios...
Vivo muchos días pensando que la felicidad depende de la "fama" o del "éxito". Por eso dedico tantas energías a cultivar "mi imagen" y "mis apariencias". ¡Qué esclavitud tan grande! Quisiera también que Dios se manifestase en todo su ser para que no hubiese más remedio que aceptarle. Este camino me ha llevado a no saber interpretar ni siquiera su presencia silenciosa, y -lo que es peor- a buscar el narcisismo idolátrico de mi propio yo.
Cristo ha roto el espejo de mi vanidad mediante el ejemplo de su vida entregada por amor. Me ha dado una fe nueva en él sin necesidad de buscar el aplauso o la aprobación. Me ha mostrado el valor del servicio a los demás y del bien hecho al prójimo desinteresadamente.
Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives. Dejar de mirarse a uno mismo y empezar a contemplar al otro y a sus necesidades, recobrando la confianza en las posibilidades de todo ser humano y en Dios, hace que el mundo que vivimos sea más humano.
Adaptación:
fr. Pascual Notari, op.