Si alguien pudiera contar todas las mascaras que llevamos puesta, no habría números que dieran con la cantidad exacta, cuan vital es escondernos de los otros y de nosotros mismos, vital por que nos hace creer y sentirnos menos vulnerables ante lo desconocido, ante la incertidumbre del devenir, ni siquiera planteo una vida en que nos engañamos sino ocultamos, ocultamos sentimientos, ocultamos pensamientos y hasta ocultamos sueños, fingimos de vez en cuando sonrisas con gusto a melancolía, creemos que las nostalgia nos traerá lo que perdimos en algún rincón, o simplemente en la soledad de nuestro días no imaginamos con poderes que nos hagan especiales, pero siempre tras una mascara o un seudónimo.
Pero aún con todas las precauciones que podamos tener para ocultar la verdad adscrita en nuestro ser, aún así muchas veces alguien externo la descifra y nos deja sin escudos y envueltos en un sentimiento llamado amor, será el amor capaz de ver la realidad de nosotros mismos, o simplemente nos entregamos tanto que no medimos precauciones, la pregunta es ¿que hacemos cuando ese amor parte y la máscara se rompe? ¿Cómo se construye una nueva máscara para seguir? En realidad no tengo idea, pero de que hacemos una máscara nueva, siempre la hacemos, sino ya no seriamos lo que somos humanos con ganas de seguir enamorándonos, tropezándonos con la misma piedra.
(Voces en el viento)